martes, 28 de mayo de 2013

El primer día del resto de mi vida.

En memoria de mi amigo Edu.

Teníamos amigos en común y yo hacia mucho tiempo que no les llamaba para tomar algo y ponernos al día. Cuando llegué me di cuenta de cuanto había cambiado aquella pandilla. "Demasiadas caras nuevas" pensé. A pesar de que ocurrió hace unos cuantos años ya, puedo recordar que Edu tenía un apretón de manos firme, seguro, de esos que inspiran confianza. Un hombre dice muchas cosas con su saludo. Los hay que dejan que su mano se derrita entre los dedos de la otra persona, como si no le importase nada ni nadie y los hay como el de Edu; un saludo de hombre de palabra.

Lo primero que aprecié de él es que llevaba audífono. Nunca lo he sabido pero siempre he supuesto que había tenido problemas desde niño, ya que no siempre pronunciaba bien las palabras y algunas letras eran especialmente difíciles para él. A pesar de ello, Edu participaba en la conversación y no se intimidaba ni se escondía detrás de sus problemas. Era un tipo cabal, agradable y cariñoso.

Ironías de la vida. Edu era un tipo que sabía escuchar como nadie.

La última vez que le vi fue un día antes de que tuviera el accidente. Fue en la Calle Mayor. Hacia tanto que no le veía... Pero las cosas de la vida. Yo iba con una prisa infinita y detenerme a hablar con Edu me supondría un ¿valioso tiempo? que no podía perder. Quería saber de él pero llegaba tarde y no debía retrasarme ni cinco segundos. "Bueno, pronto volveremos a vernos, seguro".

Después de enterarme de que había fallecido su imagen me vino a la cabeza. Caminando, distraído, tan lejano a la muerte, tan inconsciente de la tragedia que le esperaba, tan tranquilo, tan como siempre. Ahora, con las cartas de la vida boca arriba, daría tanto por llegar tarde y haberme parado dos minutos a hablar con él...

Un día más tarde un imprudente conductor invadía un carril que no debía; y la vida de Edu. Nos invadía a todos los que le quisimos.

Me consuelo pensando que no sufrió.
No hubo infierno de metal, de ruidos de claxon, de motores, de cristales. No escuchó el dolor. Solo calma.

Somos muchos los que no te olvidaremos.

Por ti. Por mi. Hoy es el primer día del resto de mi vida.



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